Orrantia marchó con sus dragones en busca del caudillo navarro y lo encontró. Las tropas del Gobierno lo hubieran pasado mal y hubieran sido copadas a no venir en su auxilio la columna del teniente coronel Bustamante.
Entre los dos jefes lograron sostener la acción y consiguieron que se fraccionase la partida insurrecta. Terminado el combate, Orrantia perdió la pista de Mina y dejó sus tropas entregadas al descanso.
Dos o tres días después de la acción estaba la columna de Orrantia en la cañada de Marfil, cerca de Guanajuato, cuando vieron una gran llamarada que supusieron procedía de la ciudad.
Se acercó Orrantia a Guanajuato y supo que habían incendiado una mina que se llamaba la Valenciana. Estando aquí dispuesto a ayudar a extinguir el incendio, se le presentó un confidente diciéndole que aquella misma noche Mina estaba en la hacienda del Venadito, que hacía parte de una aldea o rancho llamado Tlachiquera.
Orrantia, abandonando el incendio, avanzó con su gente hasta aquel rancho, rodeó el cortijo del Venadito y prendió a Mina el mozo con veinticinco hombres. Entre éstos se hallaba Volkonsky.
Fueron llevados todos al campamento de Remedios. Liñán era amigo de Mina, a quien había conocido en la guerra de la Independencia, y quiso salvarle. Propuso a los sitiados en el fuerte de Remedios que si entregaban el fuerte perdonaría la vida a Mina; ellos no aceptaron, y ahí, en un altozano, a la vista de los insurrectos, fué fusilado Javier Mina, por la espalda, como traidor a la patria.
Volkonsky estuvo también expuesto a ser pasado por las armas; pero como era desconocido, muy religioso y parecía que no había roto un plato, obtuvo la protección de un fraile y consiguió el indulto, y después la libertad.
Volkonsky fué a Veracruz, y alguien, sabiendo las ideas antiespañolas de los Mirandas, le indicó esta casa como refugio.
Después de la expedición de Mina todavía hubo otro plan, organizado por los ingleses, para preparar la independencia de Méjico, dirigido por un español. Esta colaboración de los españoles en empresas filibusteras era una vergüenza.
Se anunció que el nuevo movimiento iba a ser patrocinado por el general Renovales. Mandaron agentes por toda América. Un aventurero escocés, MacGregor, marcharía a Méjico con mil hombres. La expedición se uniría a las fuerzas de Bolívar y mientrastanto los marinos Brion y Hore atacarían a Veracruz.