Renovales, que era el jefe de esta expedición filibustera, la denunció en Londres al embajador de España, duque de San Carlos, y, cobrando todo el dinero que pudo y abandonando a la gente comprometida, se fué a Nueva Orleáns.

Volkonsky no se mezcló en esta tentativa. No era hombre de mucha firmeza de carácter, sino más bien mudable y antojadizo. Durante los primeros meses de estancia en Veracruz había sido muy partidario de los filibusteros; luego, desde que se juntó con Aviraneta, se hizo amigo de los españoles.

Afirmó más en él esta tendencia el ponerse en relaciones con una jovencita, huérfana de un militar vizcaíno, llamada Luisa Olaechea. Luisa vivía en Puebla y llevaba una vida muy recogida, siempre en casa y en la iglesia.

Volkonsky, que era hombre fogoso, se enamoró de la muchacha locamente y no pensaba mas que en casarse con ella y en vivir en paz.


V
LA DESAPARICIÓN DE VOLKONSKY

Enamorado como estaba el polaco y lleno de ardor por sus negocios mineros, todas las ocasiones le parecían buenas para ir a Puebla a ver a su novia y a sus minas.

En una de estas excursiones Volkonsky fué y no volvió. Pasaron días y días y no se supo nada de él. Aviraneta escribió a Luisa Olaechea, y ésta contestó que llevaba más de una semana sin tener noticias de su novio.

Volkonsky había desaparecido, se había extraviado, lo habían hecho prisionero los indios, había caído en alguno de los abismos del Orizaba...