La cosa para Aviraneta y para la Sociedad nuestra era grave. Se perdían planos, expedientes, obra de mucho tiempo y mucho dinero.
Aviraneta no tenía seguridad ninguna de encontrar el sitio de los yacimientos del mineral; pero inmediatamente se dispuso a volver a la zona minera y a explorar. Formó una caravana, mandada por el capitán Gavilanes. Yo me uní a ella. Tenía interesado algún capital en el negocio y quería saber pronto si era dinero perdido o no.
Unos días antes de salir nuestra caravana, un oficial español, Arteaga, que estaba de guarnición en el castillo de Ulúa, fué a ver a Aviraneta y le contó que a Luisa Olaechea, la novia de Volkonsky, le habían enviado una mano cortada en una cajita de laca. La muchacha afirmaba que era la mano de su novio, porque tenía unas letras que ella creía haberle visto anteriormente en la muñeca. Estas letras decían: i er as ol n e.
—Es la mano de Volkonsky—dijo Aviraneta al oír a Arteaga.
—¿Por qué tienes esa seguridad?
—Por las letras.
—¿Sabías tú que las tenía?
—Sí.
—¿Qué quieren decir?
—Es lo que le quedaba de un tatuaje, ya medio borrado, con estas dos palabras: Libertas Poloniæ.