—¡A ti también te cortarán la mano, Gavilanes!—gritó Aviraneta en burla.

Nadie contestó.

Avanzamos hasta salir del bosque y reunirnos con nuestra caravana. Al día siguiente volvimos de nuevo camino de Veracruz; se copiaron los planos de las minas, y la Sociedad siguió adelante.


VI
AVIRANETA SE VA

Un mes más tarde Aviraneta iba en una expedición, con varios capitalistas e ingenieros, al coto minero de la Sociedad. Se comenzó en Veracruz a hablar con gran entusiasmo de estas minas. El país, gracias a las disposiciones del general don Juan Ruiz de Apodaca, comenzaba a disfrutar de la paz. Las acciones de las minas subían...

En este momento, cuando se empezaba a pensar en la explotación, Aviraneta realizaba sus acciones de la Sociedad y se marchaba a España, acompañando a su amigo Arteaga, a quien habían dado licencia como enfermo y que salía para la Península con su mujer.

Aviraneta tuvo gran acierto en liquidar todo—concluyó diciendo el viejo Alzate—, porque luego las minas aquellas no dieron resultado alguno, por más de que se gastó en la explotación mucho dinero.

—Y en la muerte del polaco, ¿no intervino la policía? ¿No se indagó quién era el autor?—pregunté yo.