Era muy probable también la llegada de fuerzas imperiales a disputar el paso del Saona, y que los franceses cerrasen las puertas de Chalon y se dispusieran a defenderse en un largo sitio.

Estas consideraciones me obligaron a persistir en mis proyectos.

Al día siguiente, por la mañana, fuí a buscar un amigo de mi patrona, monsieur Martin, hombre muy honrado, y le encargué buscase un caballo para mi cabriolé.

Monsieur Martin me dijo hablaría a un conocido suyo, cochero, y me daría la respuesta a las doce de aquel día.

Yo me encontraba en un estado de impaciencia grande. Aviraneta me escribía dándome prisa. A cada instante llegaban noticias contradictorias de la posición del ejército aliado; los unos decían que los austriacos se encontraban solamente a quince leguas; los otros, que al día siguiente entrarían en Chalon; no faltaba quien aseguraba que aun no habían pisado el Franco-Condado.

Con estas noticias, todos los emigrados estábamos presa de la mayor agitación. Al salir de la lista diaria fuí a saber la respuesta de monsieur Martin. El hombre de los caballos había ido a conducir un carruaje a una casa de campo, a dos leguas de Chalon, y no volvería hasta la noche.

A media tarde me hallaba en casa de monsieur Montrever, cuando oímos el redoblar de tambores y ruido de gente en la calle; salimos al balcón; se veía una multitud reunida hablando entre sí, con aire satisfecho; se envió a un criado para que se enterase de la causa de esta algazara, y al cabo de un momento volvió diciendo acababa de llegar de Lyón la noticia de la paz con España. Unos momentos después se iba a publicarla con todo aparato.

Monsieur y madama Montrever me felicitaron por mi libertad, y los franceses conocidos, en la calle, me dieron la enhorabuena.

La gente, sobre todo los bonapartistas, se mostraban satisfechos; suponían que los miles de hombres empleados en la guerra de España volverían a Francia a luchar contra los austriacos, rusos y prusianos.

Quise enterarme bien de la certeza de la noticia y fuí al Ayuntamiento. Había allí un tropel de hombres y mujeres aguardando por si salía alguien a publicar la paz.