Tuve la suerte de ver a un camisero conocido mío, monsieur Frontenard; llevaba una copia de la carta que había producido tanto revuelo en el pueblo. Estaba escrita por el prefecto de Lyón al subprefecto de Chalon. Al parecer, un senador que acababa de llegar a Lyón había traído la noticia de la paz definitiva, concluída con España, y, a consecuencia de ella, las tropas francesas de ocupación de los Pirineos volverían a marchas forzadas a oponerse al paso de los aliados.

Por la carta comprendí que la noticia no era oficial; probablemente la habían echado a volar para tranquilizar la población; de todas maneras no iba a influír en la suerte de los emigrados.

Efectivamente, los días sucesivos tuvimos que seguir presentándonos a las tres listas como antes.


LIBRO SEGUNDO
RASTROS DE LA GUERRA

I
LA SALIDA DE CHALON

Una tarde, al anochecer, estaba contemplando a través del cristal la nieve; había perdido casi toda esperanza de salir de Chalon, cuando se presentó en mi casa Aviraneta, como días antes, vestido de cura.

Habló con mi patrona y entró en mi cuarto.

Me recriminó por mi tardanza en salir del pueblo, y yo fuí explicándole las dificultades con que tropezaba.