Esperaban dos caballos ensillados y el guía. Montamos y echamos a andar detrás del hombre.

El guía se había comprometido a llevarnos por el camino de Lons hasta salir fuera de unos bosques espesos, en donde era muy fácil perderse.

El tiempo estaba frío; la noche, obscura; no había amanecido aún; nuestro conductor iba a pie, a una cierta distancia de nosotros, andando con mucho trabajo.

A cada paso nos encontrábamos con pantanos profundos, y el hombre salía de ellos ayudándose con un gran palo que llevaba.

Mucho nos compadecimos del infeliz al ver lo que trabajaba en un camino tan penoso.

Le dijimos que subiera en uno de nuestros caballos; pero él contestó que montado era muy posible que no conociese el terreno.

Después de andar cerca de tres horas por medio de bosques muy espesos y caminos impracticables salimos a campo raso.

Había aclarado y se veía ya nuestra ruta. Aviraneta dió un luis a nuestro guía, el cual lo cogió contento, como si fuera una fortuna.

Continuamos nuestro camino; pasamos por Arlay, pueblo del departamento del Jura y centro de las posesiones del príncipe de Chalon; subimos un monte en el cual hay un hermoso castillo; luego cruzamos por Saint-Germain en Bois, y llegamos al Chateau la Foret, donde nos presentamos a madama de Hauterive.