—¿Daño?—contestó—. Nos han comido y bebido lo que había, y algunos soldados sueltos han detenido a los pasajeros que han encontrado en el camino cerca del pueblo y les han quitado el dinero y el reloj. A las mujeres las han violado.

El patrón añadió que debíamos avanzar con mucho cuidado y no ir por la carretera, aunque por otra parte tendríamos mucha dificultad para atravesar las montañas en coche, porque todos los caminos estaban cerrados con la nieve.

El hombre no era nada tranquilizador, y sus consejos no servían mas que para dejarle a uno inquieto.


V
EL TRINEO

Al día siguiente Ganisch, dando grandes voces, nos despertó bruscamente.

Era todavía de noche, pero se veía tanto como de día.

La luna brillaba hermosa en el cielo claro.

—Señal del frío que hace—dijo Aviraneta—y del que nos espera por esos montes.