—Esta gente enamorada del pasado—decía a Corina—, es gente estólida y cobarde que cree imposible dominar el porvenir. Nosotros, no; nosotros tenemos confianza...
—Pero es que usted, mi querido amigo, no comprende la poesía de la tradición; no admite usted la abnegación, el desinterés de los realistas—replicaba Corina.
—No, señora, no—gritaba Aviraneta—; no hay desinterés en ellos.—Luego, más tranquilo, decía—: Yo veo que unos luchan por el rey y otros por el pueblo. Los que luchan por el rey buscan el ascenso, el dinero; los que luchan por el pueblo, ¿qué van a encontrar?: la horca, el fusilamiento. Sin embargo, toda la gente de buen tono ha decidido que los que pelean por su interés son los desinteresados, los idealistas, y que, en cambio, los que no podemos esperar nada somos egoístas y miserables.
No quise replicar por no enzarzar de nuevo la cuestión y me retiré a mi cuarto.
VI
UNA ANÉCDOTA IMPORTANTE ACERCA DE CALVINO
Nos levantamos al otro día temprano y salimos de Nyón en el mismo trineo en que habíamos llegado.
El camino hasta Ginebra pasa a orillas del lago Leman; pero había una niebla tan espesa que apenas se veía. Este camino debe ser muy hermoso, pues está rodeado de un sinnúmero de hoteles y jardines.
Hacía un frío inaguantable, que nos obligó a pararnos dos o tres veces y a entrar en las casas a calentarnos las manos y los pies.