XII
INTENTO DE DUELO

Al día siguiente llegamos a Carlsruhe, ciudad muy amplia, hermosa, que forma un semicírculo, con calles que irradian del centro como las varillas de un abanico. Parece que la construcción de esta ciudad se debe al capricho de un margrave.

Vimos la magnífica plaza central que hay delante del palacio del gran duque de Baden, donde dicen que pueden evolucionar con facilidad hasta ochenta mil soldados.

El interior del palacio se asegura que es admirable; pero nosotros no tuvimos el gusto de ver mas que los jardines.

Después del paseo matinal fuimos a comer a una posada llamada Rothes Haus, la Casa Roja.

El amo y el ama se sentaron a la mesa con los huéspedes y nos trajeron una comida bastante mala, en la que figuró la choucroute, cosa que me pareció horrible.

Aviraneta y Riego trabaron conversación con un mayor holandés, el mayor Witkamp, y éste se puso a decir pestes de los católicos, y sobre todo de los españoles. Eramos el país de Felipe II y del duque de Alba, de los inquisidores y de los matadores de judíos.

Además de lo irritantes que eran para mí sus afirmaciones, concluyó de molestarme el vecino de la mesa, un alemán grueso y rojo, que al oír lo que decía el mayor holandés de los católicos se reía, se sonaba y estornudaba encima del plato.