Leguía ha mandado a Ochoa a los carabineros como parlamentario, y en vista de que no ha habido acuerdo se han reanudado las hostilidades.
Leguía ha mandado preparar y cargar el cañón; dos artilleros lo han colocado delante del portillo de la huerta del convento, a una distancia de treinta o cuarenta varas y han hecho fuego suprimiendo el obstáculo.
No se ha podido pasar, porque detrás había una barricada formada con maderas y con carros, que se ha deshecho de nuevo a cañonazos.
Hemos entrado en la huerta del convento y en la parte de vivienda de los frailes. Los carabineros se han encerrado en la iglesia. Parece que no tienen municiones, pero no quieren rendirse.
Al poco rato, nueva bandera de parlamento aparece en el tejado de la iglesia.
¿Qué hacemos? Un guerrillero de los que se han quedado en la Casherna viene diciendo que en el camino de Echalar han aparecido fuerzas del batallón de realistas número 10. Son dos compañías que manda el capitán D. Teodoro Carmona.
¿Qué hacemos?, nos hemos vuelto a preguntar. No hay más remedio que retirarse.
Se manda aviso a los de la Casherna para que vengan al convento a emprender la vuelta a Zugarramurdi.
—¿Por dónde vamos?—pregunta Antula a Leguía,—¿hacia Oleta?