—No, no; a Zugarramurdi.
Quedamos de acuerdo en fingir que no nos retiramos, y vamos por el barrio de Illecueta a coger el camino de Zugarramurdi. En el alto de Lizuñaga se prepara la comida. Se enciende fuego y se hierve en cuatro calderos grandes habas secas con tocino. Yo como con gusto y el Inglesito mismo no hace melindres.
El postre nos lo da un pelotón de voluntarios realistas mandados por Carmona, que empieza a hacernos fuego.
Antula con algunos de sus hombres se lanza sobre ellos y los dispersa y los persigue de risco en risco.
—¡Qué tipo este Antula!—le digo a Leguía.
—Sí, es un gran tipo.
—¿Lo conoce usted desde hace mucho tiempo?
—Sí; desde hace mucho tiempo. ¿Que, le interesa a usted?
—Sí.