Don Francisco tuvo diferencias con los demás jefes, y cuando logró afirmar su autoridad, una de las cosas que exigió de sus soldados fué que se cortaran el pelo al rape, quedando el sólo con el pelo largo en señal de superioridad y de mando.
Antula era hombre orgulloso, y dijo:
—No me da la gana. Si se corta él el pelo me lo cortaré yo también, si no, no.
Y dejó la partida y se marchó con su perro. Yo quedé con Mina. Al dividir éste su fuerza en tres batallones me hicieron a mí sargento del tercer batallón de Voluntarios de Navarra que mandaba D. Lucas Gorriz y del que era oficial Laquidain.
En este batallón tomé parte en la acción de Monreal, donde me hirieron en la pierna derecha, y en las de Tafalla, Lerín, valle de Ulzama y otras muchas.
Estábamos en Villarreal de Guipúzcoa, me había yo apoderado de varios caballos de los franceses, y el general Mina, en vista de la maña que me daba, me dijo en vascuence:
—Leguía.
—¿Qué?
—Tú preferirías andar suelto por tu país, ¿verdad?
—Sí.