Valdés quiere que me cuide, y me ha enviado de alojado al pueblo, al barrio de Alzate. Estoy en casa de una hermana de Leguía, una señora ya anciana, que vive sola, con pobreza, y tiene una tiendecita.

La hermana de D. Fermín me ha recibido muy amablemente. Es alta, fuerte, muy guapa. A mí me mira con lástima por verme demacrado y débil.

¡Gashúa!—me dice a cada momento. Esto parece que quiere decir en vascuence: Pobrecillo. Desdichado.

Por la tarde ha venido D. Fermín a visitar a su hermana y han hablado largamente. En el curso de la conversación se han ocupado de mí; ella le preguntaba al guerrillero:

—¿Para qué traeis chicos como éste? No os puede servir para nada. ¡Tan pequeño! ¡Tan charrico!

Leguía contestaba:

—No, no. Este muchacho tiene nervio.

Yo estoy un poco febril. Este constante llover, esta constante humedad me ponen muy triste. Desde la ventana de la cocina de la casa veo el paisaje nebuloso y la niebla amarilla y triste que forma como un telón en el aire. Todo está convertido en un charco.

De noche, la hermana de Leguía ha encendido una gran fogata en la cocina y hemos estado al calor de la lumbre charlando. El Inglesito ha venido a visitarme. La gente dice que es muy raro que en Octubre haga tan mal tiempo.

Sin duda tenemos poca suerte. Seremos unos gashúas, como dice la hermana de Leguía.