VII.
EN EL FORTÍN DE VERA
25 Octubre: mañana.
Me han dejado en el fortín de Vera con quince hombres, mientras los jefes hacen reconocimientos. Tengo como asesor a Antula; él sabe el vascuence y conoce el terreno. Han supuesto que el leñador y yo nos completamos.
Me pongo a escribir en este cuaderno para entretenerme. La noche pasada ha nevado y hay todavía nieve en las cumbres. Son las doce del día. Hace un momento de buen tiempo. Ha salido un poco el sol. Hay grandes espacios de cielo azul del que tratan de apoderarse las nubes plomizas.
Pasan bandadas de palomas y cruzan pájaros de todas clases, que sin duda vienen del Norte huyendo hacia los países del sol.
Voy a describir el sitio en donde me encuentro.
Hay frente a Vera, hacia el sudoeste, un monte de unos mil pies de alto que se llama Santa Bárbara. Este monte tiene en la cumbre una ermita y restos de trincheras y de otras obras de fortificación que hicieron los españoles cuando la guerra con la República francesa en 1794 y en tiempo de la Independencia.
Este monte, en su falda que mira al pueblo tiene una loma que se llama Casherna-gaña (Alto de Casherna). La razón de tal nombre es que hay en la cumbre de la loma un viejo edificio que sirvió durante las dos invasiones francesas de cuartel, al que los franceses llamaban, naturalmente, la Caserne, y los naturales del pueblo castellanizando y vasconizando la palabra francesa, lo llamaron la Casherna.