Leguía marcha hacia Premosa para contenerlas y dar tiempo a la retirada.
He enviado uno de mis soldados a comunicar la noticia a Valdés. Este ha contestado que se le avise en seguida a Leguía para que vuelva y se reuna al grueso de las fuerzas. He mandado a uno de los guerrilleros a caballo con el aviso.
Como las tropas realistas son mucho más numerosas de lo que se figuraban los nuestros, han conferenciado Butrón, López Baños y Valdés, y han decidido que se desaloje la Casherna y el fortín y que toda nuestra fuerza se refugie en el pueblo.
Antula dice que de retirarse sería mejor marchar por el barrio de Alzate a coger el camino de Inzola; pero los jefes tienen dos conocedores del terreno de la partida de Leguía y saben lo que hacen.
Se ha decidido la retirada hacia el pueblo; primero han marchado los soldados de Butrón, que han ido ocupando las casas; después los de Valdés, que quedaron un momento escalonados en el camino, y por último Campillo, Malpica y Leguía.
Los tres marchaban con sus hombres a cual más valientes. Malpica y Campillo iban atentos a la perfección de la maniobra. Llevaban a sus órdenes veteranos, entre ellos los dos franceses Alí y el tío Juan.
Malpica, con el bastón en la mano, descubriéndose siempre, parecía querer demostrar su invulnerabilidad; Leguía, por el contrario, llevaba un fusil, disparaba, gritaba e insultaba.
El Inglesito ha estado magnífico de serenidad y de elegancia.
Antula y yo, con nuestra gente, bajamos desde el fortín a unas heredades que llaman de Aguerra y contribuímos a detener al enemigo.