Los tres jefes principales son, además de valientes y de serenos, hombres de arranque.
Valdés tiene ante el enemigo una actitud soberbia y orgullosa; Butrón es animador y tranquilo; López Baños, pequeño, calvo, con una cara arrugada y agria, de vieja, parece que quiere demostrar que no es más peligroso recibir las balas que la lluvia.
Mientras se pelea en las calles de Vera, Valdés con las fuerzas que más han luchado en el puente sube a los altos que dominan el pueblo y toma posiciones con Peman, Campillo y Malpica.
Los soldados de Butrón y de López Baños siguen ocupando las casas, las salidas de la plaza a la carretera y la torre de la iglesia.
Antula me dice que hay varios senderos para llegar al camino que va a Francia: uno que termina en el Calvario, el otro que serpentea por un robledal y sale a un caserío llamado Lasamborda, y el tercero que parte por cerca del caserío Cigastea. Todavía hay otro que va escalando la altura desde la calle de Alzate.
El capitán D. Pedro Vidarte, de la columna de Butrón, se sitúa en los bordes del camino al Calvario entre los árboles y los peñascos.
Una de las compañías guipuzcoanas compuesta de veintiséis hombres a las órdenes del capitán D. Juan Croward, se coloca en el sendero del robledal que pasa por el caserío Lasamborda.
Don Agustín Jáuregui con otros quince o veinte hombres se dispone a defender el camino de Cigastea, y a mí me envían al que baja a la calle de Alzate.
El fuego se generaliza con violencia por todas partes. El enemigo tantea los sitios más débiles de la defensa para atacar allí. Los tres o cuatro mil realistas van avanzando contra nosotros.
En esto vemos que una columna baja de Santa Bárbara y cruza el barrio de Alzate.