La partida de Leguía sigue sosteniendo el fuego y cerrando el paso a los realistas. Su objeto es apoderarse de las primeras casas del barrio de Alzate y defenderse allí.
Al ver los realistas que hemos desalojado la villa entran en la plaza, y se apoderan de las casas y de la torre de la iglesia. Viendo que estamos en los altos marchan a nuestro encuentro.
Un pelotón de Cazadores entra por el sendero de Lasamborda a forzar el paso defendido por los guipuzcoanos mandados por Croward; pero éstos a tiros y a bayonetazos les impiden avanzar, y tienen los Cazadores que retirarse y dispersarse en el robledal.
Por el camino del pueblo al Calvario avanza una compañía de tercios con ímpetu, al grito de: ¡Viva el Rey! ¡Viva la Religión! ¡Mueran los masones!
El capitán Vidarte los detiene más de media hora haciéndoles bajas, y cuando queda sin municiones y sin gente abandona la posición.
Estamos ahora en una explanada del monte que llaman Bidepartieta, donde se dividen dos caminos, esperando.
Leguía sigue batiéndose en el fondo del valle. Al acercarse con su partida al convento de capuchinos, los frailes se asoman a las ventanas y le hacen varias descargas.
—¡Canalla!—grita Leguía.
—Ven, ven a asaltar el convento—le dicen los frailes.
Leguía tiene que retroceder hacia la izquierda y entra en el barrio de Illecueta. Ya allí no le vemos, pero seguimos oyendo el tiroteo de su partida durante largo tiempo.