—Este hombre nos salva—murmura Valdés.
Estamos sosteniéndonos en nuestras posiciones; cuando los tercios que han forzado el camino del Calvario se lanzan al asalto.
Al retirarse los que defienden el sendero, los tercios dan una acometida fuerte a la bayoneta; las tropas de Butrón creen que van a ser protegidas, y viendo que los tercios avanzan sin obstáculo se consideran cogidos y comienzan a huir.
Un contratiempo inesperado contribuye a ello. Dos compañías mandadas por O'Donnell, emboscadas entre las matas y las piedras, con quienes se contaba para aquel momento, no pueden entrar en acción, se encuentran con la mayoría de los fusiles inservibles y con que los cartuchos son desproporcionados.
Los de Butrón, al verse desamparados comienzan a huir a la desbandada, y los tercios corren tras ellos hiriendo y matando a los caídos.
Los soldados de Butrón se han salvado, gracias a un pelotón de Infantería de la Compañía Sagrada, formada por viejos de la guerra de la Independencia, que se arroja a la bayoneta intrépidamente contra los realistas.
—No dan cuartel. ¡Libertad o muerte!—gritan los viejos con furia, acometiendo ciegos de coraje.
En esta encrucijada, unos cuantos hombres decididos bastan para contener a una columna, y los viejos liberales la contienen.
Retroceden un momento los tercios, los soldados de Butrón avanzan, y mientras tanto nosotros entramos en fuego.
Pasado este mal momento la retirada comienza bajo la protección de los grupos escalonados en el camino. Así vamos, haciendo una marcha lenta, con un gran orden, dominando las alturas y los senderos de través. Un grupo se defiende entre las matas, las piedras y los árboles, hasta que no le quedan municiones. Cuando llega este momento se dispersa; los realistas avanzan y se encuentran con otro grupo que les cierra el paso.