Constantemente vamos relevando las tropas de retaguardia.
El primer avance por Bidepartieta ha costado a los realistas más de una hora. Dominando el camino que hemos seguido, hay por la izquierda un monte bastante alto llamado Cigorriaga. Luego ya el terreno se despeja, y se va por estribaciones de poca altura pobladas de robles, de castaños y de carrascas.
Cada árbol, cada peña, nos sirve de punto de resistencia. Ochoa y yo nos lucimos. Nos hemos batido con un gran orden, sin estorbarnos el uno al otro. Valdés nos ha felicitado efusivamente. Para soldados bisoños parece que lo hemos hecho bien. El Inglesito demuestra una serenidad y un valor extraordinarios.
Hace unos minutos, después de estar defendiendo nuestra posición durante un cuarto de hora, nos retiramos Ochoa y yo a descansar.
Encontramos al paso un caserío.
—¿Cómo se llama este caserío?
—Achulecheco-borda—nos dice un hombre.
—¿Nos falta mucho para Francia?
—Sí; todavía cerca de una hora.
—¿Habrá algo que beber? Lo pagaremos.