Aviraneta contó cómo le había encontrado en Urruña de vuelta de la fracasada expedición liberal.
—¿Estaba allí Miguel, mi hijo?
—Sí.
—¿Le han dicho a usted que el tío Juan es pariente mío?
—Lo he adivinado—contestó Aviraneta.
Madama de Aristy contempló en silencio a don Eugenio.
—¿Usted qué cree que debía hacer?
—Yo, señora, no sé la clase de resentimientos que ha habido entre usted y su esposo, pero supongo que éste se encuentra en el actual momento gravísimo, quizás moribundo. Creo que lo mejor que podría usted hacer sería decir a su hijo lo que ocurre, contarle los motivos de diferencias con su marido e ir con Miguel a Aldasoro, a la cabaña del tío Juan.
—Sí, tiene usted razón. Eso haré. ¿Quiere usted esperar un momento?