—Con mucho gusto.
Madama de Aristy hizo que llamaran a Miguel y al caballero de Larresore, y tuvo una explicación con ellos. Al terminarla apareció Miguel, intranquilo e inquieto.
—¿Está mal, de veras?—preguntó a Aviraneta.
—Sí.
—Hay que ir de prisa. ¿Usted no querrá volver?
—No tengo inconveniente.
—Le agradeceré a usted que venga, porque estoy un poco trastornado con una noticia así.
Madama de Aristy había mandado por un coche, en donde iban a ir ella, el caballero de Larresore, el médico y el vicario Dostabat. Miguel y Aviraneta tomarían el tílburi.
Los dos coches partieron de Gastizar, produciendo la expectación del pueblo.