Darracq había domesticado a los gorriones, que entraban en la biblioteca y se acercaban a comer a su mano, Lacy se divertía dando a los pájaros migas de pan.

Las señoras de Gastizar tenían también grandes atenciones para Lacy. Le guardaban el mejor sitio delante de la chimenea, le hacían postres delicados y le traían flores.

En la sala de Gastizar había siempre por aquella época jarrones con inmensos ramos de crisantemos. Era uno de los lujos que madama de Aristy gustaba tener en su casa.

Mezclados con los crisantemos, madama de Aristy ponía matas de heliotropo que perfumaban la estancia.

Muchas noches Alicia y Miguel tocaban alguna sonata, de violín y piano, de Beethoven, y se le veía a Lacy escuchar muy conmovido con la cara llena de lágrimas.


III.
LA FAMILIA DE CHIMISTA

Don Valentín Malpica al llegar a su casa abrazó a su hija y a sus nietos.

—¿Qué ha pasado?—le preguntó Dolores varias veces.

—Nada. Un fracaso más.