—¡Oh, dice tanto!—exclamó Rohan con un aire elegíaco y al mismo tiempo de inspirado.—Aquí se ve todo su pasado. En su comienzo su vida es difícil. Venus y Mercurio la presiden. No tiene usted cuidados paternos.
—Sí, soy hija natural—dijo Simona—no he conocido a mi padre.
—La mano lo dice—replicó el príncipe.—Y sin embargo usted es de raza aristocrática. Quizás su madre era una mujer del pueblo, pero su padre era un gran señor. En su infancia hay abandono, miserias, enfermedades. En los primeros años de su juventud hay un disgusto grande... una fuga de casa... después viajes por el extranjero, amores... vigilancia... una amistad con una mujer rubia.
—Cierto, todo eso es cierto—murmuró Simona.—¿Y ahora?
—¿Ya quiere usted pasar al presente? ¿No quiere usted saber siquiera lo que me dice la mano de usted de su temperamento?
—Sí, sí.
—Es usted tímida y atrevida, sensible y dura, de pasiones fogosas y al mismo tiempo sencilla y humilde. No le han querido a usted nunca como usted ha querido.
—Es cierto, es cierto.
—Está usted hoy en un momento de crisis; hay un hombre rubio que la quiere y dos mujeres que la odian, una ya vieja y la otra joven... extranjera. En este momento está usted en lucha con ellas. Las dos intentarán perseguirla y humillarla, pero usted podrá librarse de su presencia.
—¿Cómo?—exclamó Simona.