A medida que Sampau y Margarita se entendían, él se hacía menos fatuo y ella menos desdeñosa.

Sampau tomó como protectora a Dolores.

—Yo quisiera—le dijo un día—saber los sentimientos de Margarita por mí.

—Yo creo que le tiene a usted afecto.

—¿Usted cree que no me rechazará?

—Yo creo que no. Se lo preguntaremos a ella.

Dolores llamó a Margarita y se sentaron los tres en el cenador de la huerta. Hacía un día de Abril de sol hermoso y de cielo claro.

Dolores contó a Margarita lo que habían hablado ella y Sampau.

—Sí, Margarita—dijo Sampau;—yo te quiero.