La condesa de Tilly era una señora pequeña de estatura, sonrosada, con el pelo blanco y los ojos muy azules, que debía haber sido muy bonita.

La condesa se quejó a su nieta de las pocas comodidades de la posada.

Margarita quiso llevarla a Chimista; pero la abuela se opuso a ir a una casa de campo lejana.

Miguel Aristy supo la perplejidad en que se encontraba Margarita, y ofreció una habitación en Gastizar para la anciana señora.

—Que venga a casa—dijo;—la trataremos lo mejor que podamos.

—¡Oh, muchas gracias!... No sé si ella querrá.

—Se lo propondremos.

Aristy fué a visitar a la condesa y quedaron los dos muy amigos. La abuela coqueteó con Miguel como si tuviera veinte años.

Miguel se mostró con ella galante y un poco libertino. Fingió, sin esfuerzo, que era de la misma edad que la condesa, lo que a ella le divirtió muchísimo.