Miguel les convidó a ir a Cambó, donde había fiesta, y fueron en un coche grande todos los de Chimista y algunos de Gastizar. Fernanda Luxe llevaba como caballero al joven Larralde-Mauleón, que la galanteaba, y Alicia Belsunce a un vizconde gascón, el vizconde de Florac que le había empezado a hacer la corte.

Había feria en Cambó. Se habían reunido una porción de vendedores ambulantes con coches y puestos con cuchillos, azadas, objetos de cocina y ferretería, y los aldeanos llevaban vacas y cerdos al mercado.

Hubo por la mañana gran partido de pelota, por la tarde vísperas y después baile.

En el quiosco de la música, hecho con unos toneles y adornado con ramas, se tocó la música hasta las doce de la noche.

A esta hora los bailarines se fueron a beber agua de la fuente de San Juan y se vió todo el monte iluminado con hogueras.

Al día siguiente se decidió volver, por la tarde, a Ustariz. Miguel propuso tomar dos lanchas grandes y embarcarse en ellas.

El día era caluroso, de viento Sur; no corría una ráfaga de aire y las hojas parecían petrificadas en la calma del ambiente.

Bajaron a la orilla del río.

En la proa de la primera lancha se puso Manich, un virtuoso del acordeón; luego se fueron instalando los demás.