—¿Por qué lo prefiere usted?—preguntó Lacy, picado.
—Porque usted no sabe vascuence y él sí.
—Ah, vamos.
Se decidió que fuera Ochoa. Este por la mañana pasó por casa de su paisano Beunza, que tenía un pequeño establecimiento de coches en la misma calle de los Vascos, y le mandó aparejar un tílburi.
Montaron Aviraneta y Ochoa y vieron antes de partir a Tilly.
—¿Quiere usted algo para su hermana?—le preguntó Ochoa.
—¿Va usted a verla?
—Sí, probablemente.
—Vive en la calle Mayor, número seis u ocho.
—La saludaré de su parte.