—Como a una reina. Me han sentado a la mesa, al lado del tío de usted, el cura, a tomar chocolate, y me han contado de usted una porción de diabluras que hizo usted cuando era chico.

—El primo joven de don Eugenio creo que le galanteaba a usted un poco—dijo Ochoa.

—¡Bah! De eso no hago caso.

Charlando los tres llegaron ya muy entrada la noche a Bayona, y fueron a parar a la fonda de Iturri.


VIII.
FRACASA EL PROYECTO

Al día siguiente el general Mina, enterado de la vuelta de Aviraneta, le invitó a comer a su casa. Don Eugenio fué obsequiado, tanto por el general como por su señora doña Juana Vega, a quien los íntimos llamaban doña Juanita.

—¿Qué impresiones trae usted de San Sebastián?—preguntó Mina.

—Malas.

Y Aviraneta contó con detalles lo que le habían dicho los militares y paisanos con quienes había hablado.