—¿Así no es posible que ellos hagan algo?
—Por ahora, nada. Si se pudiera retrasar el movimiento, ¿quién sabe?
—No, no, ya no puede ser. Ya sabe usted lo que es la gente... Ha habido quien se ha acercado a mí a decirme que no me fíe de usted... Si propongo el aplazamiento, van a creer que soy un traidor.
—¿Qué haremos?—preguntó Aviraneta.
—Esperaremos a ver si le contestan a Campillo... Avíseme usted en seguida que haya contestación... ¿Usted qué cree que se necesitaría para sobornar una guarnición como la de San Sebastián?
—Yo me figuro que para empezar se necesitarían unos cuarenta o cincuenta mil duros... quizás más.
—Es mucho dinero...; pero, en fin..., ¿quién sabe?... Mendizábal es un hombre listo... comprenderá los motivos...
—Y si no tiene usted medios, ¿qué va usted a hacer, general?
—Ya no tengo más remedio que lanzarme. Salga lo que saliere.