Choribide, que sabía muy bien las chifladuras de Iragaray, no lo temía como rival de su sobrino, sino todo lo contrario; hubiera querido que el pobre chiflado fuera el único de los rivales de Rontignon.

Choribide, al mismo tiempo, trabajaba para las mujeres del Chalet de las Hiedras.

Los documentos que él facilitaba a madama Carolina, aparecían oficialmente como procedentes de Rontignon. Se había escrito a España y Calomarde se manifestaba dispuesto a dar una gran cruz o a aceptar al ex teniente en el ejército español.

Respecto a la cuestión amorosa, Choribide la dirigió con gran cuidado. Choribide hizo que su sobrino se hiciera un traje a la moda en la mejor sastrería de Bayona, alquilara un caballo y pasara todos los días cuatro o cinco veces por delante de casa de madama Luxe.

Al cabo de una semana escribió una carta, la pensó mucho, comprendiendo que el estilo de 1830 no era el de su época; y después de varios ensayos creyó encontrar lo que deseaba. El teniente Rontignon copió la carta y la dió, con una moneda de cinco francos, a la criada de madama Luxe. La carta no tuvo contestación. A los pocos días, Choribide escribió otra muy respetuosa y romántica y madame Luxe contestó. Decía que no pensaba casarse, que estaba dedicada a la educación de su hija, y aunque agradecía los homenajes del teniente Rontignon, le suplicaba que cesase en hacerle la corte.

Choribide estudió la carta detenidamente y decidió primero hacer que la hija de madama Luxe, Fernanda, tuviera un novio, después se le ocurrió indisponer a madama Luxe con la gente de Gastizar.

Como novio de Fernanda, ninguno mejor que el joven Larralde Mauleón. Larralde había cortejado sin gran éxito a Alicia de Belsunce, y luego para consolarse se dedicaba a galantear a una de las señoritas del Bazar de París, a la menor, Delfina, creyendo, y con razón, que le llegaría su turno.

De las dos señoritas de La Bastide, la mayor, Martina, se le suponía enredada con el ingeniero de Montes; la pequeña, Delfina, era una histérica. Esta muchacha había andado con todos los hombres del pueblo. Siempre había tenido un amante o dos al mismo tiempo.

Era una mujer lasciva. Le habían cantado varias veces una copla popular, que decía: