Después de pintarle tan fea la situación al joven Larralde le puso delante la perspectiva de Fernanda Luxe, una muchacha encantadora llena de juventud y de gracia. Larralde Mauleón mordió en el anzuelo y comenzó a dejar de acudir al Bazar de París. Al mismo tiempo Choribide habló a la Delfina, y le dijo que Larralde era un fatuo que había asegurado en público que tendría como querida a la Delfina cuando le diera la gana. La muchacha, que era poco inteligente, creyó en lo que le decía el viejo y comenzó a tratar con desdén a Larralde, que determinó no volver al Bazar.

Entonces Choribide hizo que su sobrino Rontignon buscara a Larralde y se hiciera amigo suyo.

Pronto pudo notar el astuto viejo que tenía en Gastizar enemigos de sus planes. Madama Luxe iba todos los días a Gastizar, hablaba allí, había quien suponía que miraba con buenos ojos a Miguel Aristy.

Entonces a Choribide se le ocurrió escribir un anónimo, cogió un papel igual al que se empleaba en Gastizar y mandó a madama Luxe una carta en la que se ponía por los suelos al teniente Rontignon y al joven Larralde.

Madama Luxe no tuvo el valor de pedir explicaciones a Madama Aristy; dejó un día de ir a Gastizar, luego al siguiente hizo lo mismo y acabó por romper las relaciones con la familia de Aristy.

Madama Aristy era demasiado orgullosa para pedir ni para dar explicaciones. La ruptura se verificó. Era lo que quería Choribide.

Este al mismo tiempo trabajaba con las dos intrigantes del Chalet de las Hiedras.

Las cartas iban a Madrid y venían de allá constantemente.

Carolina Michu estaba entregada a Choribide y dispuesta a seguir sus indicaciones.

Madama Carolina no tenía un gran interés personal puesto en la vida de Ustariz; estaba deseando que pasaran aquellas circunstancias para salir de la aldea y marcharse a otra parte. No le pasaba lo mismo a Simona. Simona no se ocupaba más que de Ustariz y de los que vivían en el pueblo.