Al saber que madama Aristy quería echarlas del Chalet de las Hiedras, le tomó un odio intenso. Antes había coqueteado con Miguel, porque le era simpático; después coqueteó con León, por ver si podía dar un disgusto a la vieja orgullosa de Gastizar, como llamaba ella a madama Aristy.
Simona, que no tenía inclinación ninguna por León, llegó a dominarle; le sacó dinero, produjo un gran disgusto en Gastizar y otro en Chimista.
Simona sintió tanto odio por Dolores Malpica como por madama Aristy; a la vieja, como ella la llamaba, la odiaba por su orgullo; a la española, por su aire de candidez y de bondad.
León, que se creía amado por una gran dama, no sólo no se recataba, sino que hacía alarde de visitar el Chalet de las Hiedras. Dolores se determinó a pedirle explicaciones, y marido y mujer riñeron.
Miguel Aristy tuvo que terciar en el asunto, y como mal menor se decidió que León volviera a París.
Mientras tanto Tilly, enterado por Aviraneta de que las damas del Chalet de las Hiedras eran dos aventureras, las trataba así, y era muy bien acogido en la casa. El y Choribide solían pasar la tertulia en el chalet y en el Bazar de París.
Madama Carolina comenzaba a asustarse de la violencia y del fuego que ponía en sus empresas Simona.
—Esa loca me va a comprometer—decía, y suplicaba a Choribide que la vigilara para que no hiciese alguna tontería.
Simona tenía su centro de operaciones en el Bazar de París; allí solía estar intrigando con las dos señoritas de la Bastide, con Choribide y con Marcos el gascón, de quien se había hecho gran amiga.