IV.
MARGARITA

Todos los días y a todas horas estaba Margarita Tilly en Chimista con su amiga Dolores. Margarita había tomado gran cariño a Dolores, para quien tenía todas sus amabilidades.

Dolores, que pasaba en aquel momento por la amargura de tener a su padre expuesto a ser muerto y a su marido separado de ella, estaba llorando a cada instante. Dolores tenía un carácter resignado y dulce y encontraba la calma en la mayor contrariedad.

Margarita se había constituído en protectora de Dolores. Cogía a los dos chicos, a Miguelito y a Dolorcitas, y se marchaba con ellos para dejar a la madre desahogar su pena.

Si Miguelito era travieso y valiente, Dolorcitas prometía ser como su madre, dulce y tranquila.

El chico era fanfarrón y charlatán; jugaba con un gato que se llamaba Chipi. Chipi era un poco payaso, gran cazador de pájaros, ladrón y fantástico. Chipi, la pequeña pantera doméstica, corría con Miguelito, se afilaba las uñas en los muebles y rasgaba la tela de los sillones; subía a los árboles, perseguía a las lagartijas y a las mariposas; hacía bufonadas y parecía incomodarse cuando la gente se reía. Solía divertirse mucho cazando musarañas, a las que martirizaba.

Miguelito era gran ingeniero; hacía fortalezas con arena y las coronaba con banderas.

Mientras él se dedicaba a la ingeniería, Dolores tenía a la niña en brazos y quedaba embebida.