Al día siguiente preguntaron por él dos o tres personas, entre ellas el auditor de guerra y amigo íntimo de Mina, don Canuto Aguado.
Por lo que dijo Iturri, Aviraneta traía pasaporte del capitán general de la isla de Cuba, para Madrid, por la vía de Francia, pero como no se había presentado al cónsul español de Burdeos, no podía pasar a España.
A la hora de almorzar Iturri sentó a la misma mesa donde comía su sobrino y Lacy al recién llegado y éste al saber que Eusebio era hijo del general Lacy estuvo muy amable con él y habló largamente con los dos jóvenes. Aviraneta les hizo alguna impresión. Tenía marcada tendencia por la frase amarga y el epigrama, lo que hacía creer que era tipo desengañado y sarcástico.
—¿Ha tenido usted larga conferencia con Aguado?—le preguntó Ochoa.
—Sí.
—¿Qué dice?
—Poca cosa.
—¿No está contento de la marcha de los acontecimientos?
—Eso parece.