Margarita no quería nada con los de Gastizar; sentía gran antipatía por madama Aristy y se manifestaba desdeñosa con Alicia. El egoísmo y la discreción de ésta le producían el mayor desprecio.

—Es un taco—solía decir.

Al lado de Alicia, Margarita Tilly era como un torbellino. No podía tener prudencia; pero se le perdonaba todo por su espontaneidad y por su gracia.

Era lo contrario de la señorita de Belsunce. En Margarita no había cálculo ni disimulo. Las simpatías y antipatías se desarrollaban en ella de una manera rápida y esporádica y no se tomaba el trabajo de disimularlas.

Alicia, en cambio, era de una discreción y de una prudencia monjiles. Sabía guardar los pequeños secretos como nadie. No había miedo de que dijera una inconveniencia. Medía las palabras con cuidado exquisito.

Madama de Aristy, que creía éste uno de los mayores méritos que podía tener una persona, le otorgaba su benevolencia.

Alicia era defensora de las prerrogativas aristocráticas de su familia. No le gustaba que se dijese que entre los vascos no había habido feudalismo. Le hubiera gustado ser feudal.

Margarita no se preocupaba de estas cosas. Quería ser libre, hacer su capricho, y tenía para las personas y para las ideas una mirada atrevida y de frente.

A Miguel le gustaba la gracia rebelde de Margarita.

De toda la gente de Gastizar únicamente por Miguel tenía Margarita simpatía, y eso que Miguel se burlaba un poco de ella y de su insociabilidad.