—Estaba, como todos los días, jugando a la puerta de la casa, cuando ha pasado un rebaño de ovejas por delante. Vamos, Miguelito, le ha dicho la chica que iba con el rebaño. El niño le ha seguido y ha desaparecido. Se ha mirado por todos los alrededores y no se le ha encontrado.

—¿Y cuánto tiempo hace que falta?—preguntó Aviraneta.

—Ya cerca de diez horas.

—¿Qué edad tiene el chico?

—Cuatro años y medio.

—Sí; entonces es muy posible que lo hayan robado.

—¿Qué haremos?—exclamó Margarita.—La pobre madre figúrese usted cómo está. Vengan ustedes conmigo.

—Bueno, vamos—dijo Aviraneta.

Salieron los tres, y al pasar por Gastizar, Margarita dijo a su hermano:

—Llámale a Miguel Aristy y dile lo que pasa.