Tilly entró en Gastizar y volvió al poco rato solo.

—¿No está?—le preguntó Margarita.

—Debe estar en Chimista.

Efectivamente, al llegar a Chimista se lo encontraron. Empezaba a oscurecer y el niño no venía. La madre estaba en la mayor desesperación. Miguel y Dolores habían salido por los alrededores llamando al niño, pero no aparecía.

—Bueno, señor Aristy—dijo Aviraneta;—si andan ustedes así a la casualidad, como locos, no encontrarán ustedes ninguna pista. Vamos a hablar los dos serenamente a ver si encontramos algún indicio.

—Tiene usted razón. El dolor de la madre le perturba a uno, contagia su intranquilidad.

—Vamos a un sitio donde estemos solos.

—Entremos aquí. Sentémonos.

Entraron en el cuarto del coronel Malpica.

—Veamos el hecho escueto primeramente—dijo Aviraneta.—¿Cómo ha sucedido?