—¿Quiere usted que le llame a Fanchon, la mujer que vive aquí?

—Sí.

Entró Fanchon en el cuarto, con la cara llena de lágrimas.

—Cuéntanos lo que ha pasado con detalles—le dijo Aviraneta en vascuence.

—Pues nada—dijo Fanchon;—el niño estaba jugando, como casi todos los días, por aquí, por delante de la casa. Ha pasado un rebaño, y el chico que iba detrás le ha dicho: "¿Miguelito, vienes?" Miguelito ha salido detrás del rebaño y no ha vuelto. Eso ha sido todo.

—¿Tú has visto al chico que le ha llamado?—preguntó Aviraneta.

—No, no le he visto. No sé si mi marido le habrá visto.

—Llámalo; y si no sabe nada, pregunta por ahí a ver si hay alguno que haya visto al chico que ha llamado a Miguelito al pasar.

Salió Fanchon corriendo del cuarto y volvió al poco rato, sofocada, con Praschcu, su marido.