A nuestra espalda dejábamos Zugarramurdi sobre el promontorio de Peñaplata, que entra en la tierra llana de Francia. Bajo el cielo gris se veía un pueblecillo, Sara, y más lejos, vagamente el mar.

Después de tomar el almuerzo hemos seguido adelante, bordeando el monte Labiaga, por unos robledales que el otoño ha dejado rojizos. El suelo está cubierto de hojas doradas. Es época de pasa, y por el cielo cruzan pájaros de todos colores...


En esto, una de las lomas lejanas se llena de siluetas de hombres que comienzan a hacer fuego sobre nuestra partida.

Por lo que hemos sabido después, el teniente realista D. Miguel de Sagastibelza, comandante del puesto avanzado, ha destacado contra nosotros una columna formada por doscientos veinte hombres del 13 de línea, ciento cincuenta voluntarios realistas procedentes de Burguete, y trescientos soldados del batallón de tercios del Baztán.

Leguía manda desplegar en guerrilla a su gente y se contesta al fuego. Después de una ligera escaramuza las fuerzas enemigas se han retirado.

¿Es que están, como dicen algunos, por nosotros y no esperan más que una ocasión favorable para pronunciarse en nuestro favor?

No lo sé; pero así lo parece.

Con la fuerza de que disponen podían, sin duda alguna, habernos hecho retroceder y obligarnos a meternos en Francia.