Estos lugares próximos a Missolonghi fueron el teatro de nuestra acción, que, ciertamente, no tuvo nada de extraordinaria ni de heroica.
Después de ser alistados e identificados, Mac Clair quedó en la brigada de Stanhope como oficial de ingenieros, y yo como ayudante suyo.
No estaba la legión extranjera de Missolonghi tan disciplinada como nosotros pensábamos; había una porción de oficiales y jefes franceses, ingleses, alemanes e italianos en disponibilidad, porque no tenían tropas que mandar. Los ingenieros y artilleros eran los más solicitados y los que más pronto encontraban plaza vacante. Los que venían de la Europa occidental con sus documentos de haber servido como oficiales de caballería, no encontraban puesto, porque los griegos no los querían.
Había entre nosotros tres mandos diferentes: el de los comités griegos, el del coronel Stanhope y el de lord Byron.
Stanhope estaba en completo desacuerdo con lord Byron. El coronel reprochaba al lord, que quería hacer una guerra literaria, lo que le parecía una ridiculez. En parte, el militar estaba en lo justo, porque la guerra parece que debe tener una técnica; pero el poeta tenía su razón también, porque, gracias a su prestigio literario, había conseguido que Europa entera se preocupara de su expedición y se dispusiera a ayudar a los griegos.
El coronel, por lo que nos dijo, pretendía que Byron no interviniera para nada en detalles de cuestiones militares, pero el poeta se creía omnisciente y pretendía entender de milicia tanto como de poesía.
Desde su desembarco, el cinco de enero, el lord estaba trabajando sin descanso en contratar un empréstito en Inglaterra, quería reformar la sociedad inglesa de los Filohelenos y estudiaba, al mismo tiempo, los medios de humanizar la guerra entre turcos y griegos, pensamiento noble, pero, por entonces, perfectamente irrealizable.
Su plan militar consistía en fortificar Missolonghi y en organizar un pequeño ejército de ataque. Este ejército estaría formado por dos mil quinientos griegos al mando de sus jefes, por las legiones extranjeras a las órdenes del coronel Stanhope, que no se sabía a punto fijo con qué número de soldados contaría, y por un batallón de suliotas, que quería mandar el mismo lord en persona.
Con estas fuerzas pensaba Byron atacar el castillo de Lepanto.