Los griegos nos odiaban.

En vista de esto, y con el consentimiento del coronel Stanhope, nos instalamos en una barraca de madera, que llegamos a convertir en una habitación confortable.

A los pocos días comenzamos a trabajar en los planos de la fortificación de la ciudad.

Se había pensado en rodear Missolonghi de murallas y de baluartes.

Desde el comienzo de la guerra de la Independencia griega, Missolonghi había sido atacada varias veces por los turcos con poca fortuna.

La situación de la plaza era muy buena para el defensor y mala para el agresor. Además de esto, los turcos habían tenido la desgracia en el último sitio de ser diezmados por la peste.

Cuando comenzó este último sitio, los griegos no habían hecho mas que comenzar a fortificar la ciudad y a guarnecer las murallas de tierra, con torres y baluartes. Estando en esta labor se les presentó a atacarles Omar Vrione, capitaneando un ejército numeroso, y se colocó en la falda del monte Aracinto.

La guarnición de Missolonghi se encontraba con muy pocos medios de resistencia. El caudillo griego Marcos Botzari, en quien se tenían grandes esperanzas, acababa de morir en el Epiro.

Su hermano Constantino entró en Missolonghi con su gente y se aprestó a la defensa. Al cabo de dos meses de sitio, cuando la resistencia de Missolonghi comenzaba a desfallecer, fué cuando se declaró la peste en el ejército otomano, pero de una manera tan fuerte que Ornar Vrione tuvo que abandonar inmediatamente los alrededores de Missolonghi.

Al mismo tiempo, otro caudillo griego, Maurocordato, entraba en la laguna de Missolonghi con algunos barcos hydriotas, y la ciudad quedaba libre por tierra y por mar.