Nos dijo que en una barca griega, en la que había venido desde Alejandría, y que estaba esperando órdenes para salir de Missolonghi. Le indicamos que hiciera gestiones para que fuéramos Mac Clair y yo a la barca griega. El capitán de la Chipriota, después de muchas dificultades, aceptó, y Mac Clair y yo nos trasladamos a este barco.
Si mi aventura de Missolonghi no había sido ni muy lucida ni muy brillante, la de Aviraneta, aunque con más éxito personal, no fué tampoco de gran interés. He aquí lo que me contó don Eugenio:
«He salido de Alejandría hará próximamente un mes, en la goleta Chipriota, al mando del capitán Spiro Sarompas. Llegamos aquí hace unos veinte días. El capitán Spiro traía unos pliegos para lord Byron, fué a verle y le dijo que venía con un oficial español.
El lord le contestó que fuera yo inmediatamente a su barco y que no tocara en tierra.
Me puse de gala, y en la lancha fuí al Cefaloniota.
A un oficial le dije que me había mandado ir Su Excelencia y que tenía que darle una carta.
—Démela usted a mí.
Se la di y esperé un cuarto de hora.
—Pase usted.