—Excelencia—le contesté yo—. Para mí hay aquí demasiada etiqueta.

Lord Byron se echó a reír a carcajadas. Como vi que lo tomaba alegremente, añadí:

—Tanto ponerse la corbata y cepillarse la levita a todas horas, y saludar al superior y al inferior, y dejar que pase antes por una puerta y esperar a que se siente, a mí, que he vivido entre campesinos, me cansa.

—Es usted un hombre original, guerrillero—me dijo.»


—¿Y así ha vivido usted?

—Así he vivido quince días en compañía de Byron, hasta que éste ha enfermado y ha muerto, y entonces me he trasladado a la Chipriota.

—¡Qué suerte la de usted!

—¿Pues?

—Usted no tiene idea lo que es para mucha gente haber vivido en la intimidad de lord Byron. Ya ve usted, la mayoría de los ingleses que estábamos en Missolonghi no hemos cruzado ni una vez la palabra con él.