Al llegar al puente nos detuvo una patrulla mandada por el sargento Juan de Dios.
—Hola, Juan—dijo el Chiquet.
—Hola, Chiquet, ¿eres tú?
—Sí, soy yo, que viene con el teniente Aviraneta.
—Venimos en busca del Capitán Mala Sombra—dije yo—. ¿Estará?
—Sí, ahí ha quedado escribiendo tonterías—contestó Juan de Dios.
—¿Pues?
—Parece mentira que los hombres sean tan estúpidos.
—¿Por qué dice usted eso?—le pregunté.
—Ahí lo tiene usted a ese hombre, más serio, más bueno y más formal que nadie, escribiendo tonterías a una señoritilla de Ciudad Rodrigo, que no le hace caso y se burla de él.