—¿Y don Dámaso Martín y el coronel Maricuela?
—Están conformes en ponerse a sus órdenes mientras duren estas circunstancias.
—¡Ah, bueno; si es así no tengo nada que decir! ¿Quién ha de tomar la iniciativa en el mando?
—Usted. El general quiere que intente usted batir al enemigo. Usted conoce el terreno palmo a palmo.
—Sí, es verdad.
—Puede usted tomar sus iniciativas desde ahora mismo.
—Está bien, voy a decir que busquen al sargento Juan de Dios. Es mi brazo derecho.
—Debe estar en la calle hablando con mi asistente.
El Capitán Mala Sombra salió a la ventana y gritó:
—¡Eh, subid!