—Sí.
—¿Quiénes son? El viejo parece gitano.
—Lo es. Son de Baza, padre e hijo. Al padre le llaman el Esquilaor, y al hijo, el Niño de Baza. El padre va convencido de que su hijo va a hacer mucha suerte en Africa, porque tiene una piedra imán la bar lachí, como dicen ellos. La historia de estos es curiosa. El Esquilaor, que ha sido un buen mozo, le hizo un chico a una muchacha de Baza, y ella no se quiso casar con él.
—¡Qué extraño! ¡Ella!
—Sí, ella dijo que no, que no se casaba, que él quería vivir a su costa, y que no. Y así está en la casa el Esquilaor como criado.
—¿Y el Niño de Baza es el hijo?
—Sí, un chico mimado, voluntarioso. Ha sido estudiante de cura.
Les observé con atención.
El padre era un hombre muy flaco, muy negro, con los ojos verdes, obscuros; el hijo era muy parecido al padre, con un gran fulgor en la mirada.
Bajamos los cinco por la escalera del muelle a la lancha, y nos fuimos acomodando.