Antes de salir le dije yo a Borja Tarrius:

—Somos seis con el patrón. Como es posible que nos encontremos con algún barco en el Estrecho que quiera detenernos, lo mejor es que en esta corta travesía mande uno solo. Las vacilaciones son lo peor en estos casos. ¿Quiere usted mandar como jefe de nuestra barca, Borja?

—No, no, Aviraneta. Mande usted.

—Sí, mande usted—dijo Moreno Guerra.

—Bueno.

Se lo advertí al patrón, y éste dijo que estaba bien, y añadió que la medida era muy prudente, porque en el mar no había que andarse con dudas sino decidir las cosas pronto.

Salimos, se largó la vela, fuimos pasando por delante de la ciudad de Algeciras y de la isla Verde, hasta divisar la costa de Africa.

El día estaba espléndido.

El Niño de Baza, al poco rato de salir, escogió el mejor sitio y se tendió. Estorbaba un poco para la maniobra.

—¡Eh, tú!—le dije yo.