—¿Y por qué le ha chocado a usted esto? ¿Ha conocido usted algún Carignan?

—No; pero este título me recuerda una historia ya lejana... de 1823.

—¿Una historia? A contarla, don Eugenio. Ya sabe usted que soy su historiador. No cedo mi plaza a nadie.

—¿Te he contado alguna vez la historia del capitán Mala Sombra?

—No.

—Me he acordado de ella porque tiene alguna relación lejana con un príncipe de Carignan. Ya que tú no tienes nada que hacer y yo tampoco, y nuestras mujeres respectivas están de paseo, di a tu criado que me traiga una copa de coñac Fine Champagne del excelente que guardas, y un tabaco de La Habana, y charlaremos.

Llamé a Bautista, bebimos nuestras copas, encendimos los habanos y nos arrellanamos en nuestros sillones.

II.
MORILLO Y EL EMPECINADO

Ya te he contado, mi querido Pello—comenzó diciendo Aviraneta—, cómo a final de abril de 1823 llegué yo a Valladolid en compañía de mis amigos el Lobo y Diamante.

Al reunirme con el Empecinado hice por orden suya un llamamiento a los patriotas de Castilla la Vieja y a la Milicia nacional. Fueron acudiendo en grupos, y uno a uno, los milicianos de Valladolid, los de los pueblos de los alrededores y los de Toro, Medina, etc. Se comenzó a organizarlos y armarlos de la mejor manera posible.