—Pues si usted quiere, voy. ¿Qué hay que hacer?

—Primero averiguar cómo va la cuestión de la Intendencia del ejército de Angulema, y si no hay esperanza en esto, marchar á San Sebastián y ayudar á los emigrados franceses, que parece que van á hacer un intento.

—Muy bien. Estoy á la orden de usted.

—Pues cuanto antes. Si se puede hoy, mejor que mañana. Me conviene que vaya usted en seguida. En cuanto llegue usted á la frontera, que le tengan una silla de postas preparada, é inmediatamente que sepa usted algo definitivo me avisa.

—Y en San Sebastián, ¿qué haré?

—En San Sebastián activará usted la gestión de los carbonarios. Usted creo que es carbonario también.

—¿Por dónde lo sabe usted?—dijo Aviraneta algo alarmado.

—Amigo, un ministro tiene sus informes secretos.

—Yo creí que en España los ministros eran los últimos que se enteraban de las cosas—replicó sarcásticamente Aviraneta.